Hace unos días leía un artículo de Lucy Fisher en Marketing Week sobre el futuro de la que me ha animado a reflexionar sobre este tema.

Las estrategias de marketing están claramente orientadas a venta y principalmente a la consecución de nuevos clientes. Una vez captados la mayoría de las empresas pierden casi todo el interés en ellos.

En algunos casos porque el tipo de producto o servicio hace que la fidelización sea extremadamente complicada (por ejemplo coches), pero en la mayoría porque simplemente no están enfocados al cliente.

En marketing se habla mucho de que el cliente debe ser el centro de nuestra , pero en realidad se está hablando del cliente que quiero captar (cliente potencial), no del que ya tengo.

Las empresas tienen un único objetivo claro y es vender. Es normal, pues de eso viven, pero este enfoque lo hacen extensivo a todas las etapas del funnel (este es el error).

No importa en qué momento se encuentre nuestra audiencia (awareness, consideration o action) o clientes (advocacy), el objetivo de la estrategia es el mismo.

En las tres primeras etapas de funnel se usan campañas de conversión directa (clientes potenciales) y en la última programas de fidelización, pero todas ellas tienen un único mensaje ventas y descuentos.

Y en cierta medida funcionan. Todo lo que signifique ahorrarnos algo de dinero nos interesa. El problema o la visión limitada de este tipo de estrategias de fidelización, está en que este sea el único argumento para fidelizar. ¿Qué ocurre con nuestra marca entonces? ¿qué valor aporta?